Irrisorio, discriminador, abusivo, incoherente y persistente: Passaglia otra vez
El intendente municipal de San Nicolás, Santiago Passaglia, una vez más lo hizo. El “panterista rosa” de la política local vuelve a exhibir lo que mejor sabe hacer: disfrazar de conquista lo que en realidad es un nuevo atropello a los trabajadores.
Con un básico miserable de $522.000 en la categoría técnica 11 y $454.000 en la categoría 15 —los más bajos de toda la escala salarial—, el jefe comunal anuncia con bombos y platillos un bono millonario de un millón y medio de pesos. Un anuncio que no solo esconde la trampa de siempre, sino que desnuda la brutal incoherencia de un dirigente que se jacta de ser uno de los críticos más feroces del gobernador bonaerense mientras reproduce, puertas adentro, lo peor de las prácticas que dice combatir.
La realidad es otra: no todos cobrarán el bono. Solo accederán quienes fueron alineados y obedientes durante la campaña de Hechos. Afuera quedarán los que osaron reclamar un resarcimiento a la ART, los perseguidos políticos, los trasladados a dedo y los que se animaron a plantarse sindicalmente. Una lista negra disfrazada de criterio administrativo.
Lo más grave es el doble estándar. Mientras el Ministerio de Trabajo multa como corresponde el fraude laboral de Techint, se olvida olímpicamente de los más de 1.500 precarizados que sostienen al municipio bajo contratos de monotributistas y cooperativistas. Esos, claro, tampoco verán un solo peso.
El supuesto bono, que en realidad es un importe en negro, se pagará en cuotas: $375.000 en septiembre, octubre y noviembre, y el resto en enero de 2026. ¿Y en diciembre? Nada. Porque el sueldo anual complementario será un vuelto: un promedio de $280.000 que ni de cerca alcanza lo prometido. Y lo peor: los jubilados quedan otra vez afuera.
La paradoja es brutal: el intendente anuncia un millón y medio de pesos que en verdad cobrarán menos de 200 empleados de un municipio que hoy, tras retiros voluntarios y purgas internas, cuenta con apenas 450 trabajadores de planta permanente. El resto, el 80% de la estructura municipal, vive en la precariedad absoluta.
Pero claro, los concejales oficialistas, que se autoperciben empleados antes que representantes del pueblo, serán los primeros en hacer cola para cobrar lo que no les corresponde.
Mientras tanto, en Ramallo, el intendente entiende la urgencia de aumentar básicos, mejorar la antigüedad y recomponer una carrera administrativa. En San Nicolás, todo está paralizado. Jubilados y trabajadores esperan, una vez más, que la justicia social no sea solo un slogan vacío.
El Ejecutivo local, con este bono, vuelve a darle la espalda a sus empleados. Los deja por debajo de la línea de indigencia mientras vende mediáticamente la mentira de un “millonario beneficio”. La verdad es otra: un municipio cada vez más chico, más precario y más injusto.