Finalmente, luego de diez días de incertidumbre, el Tribunal ratificó su propia resolución e intimó al Municipio de San Nicolás a dar cumplimiento con astreintes. La respuesta fue inmediata: se efectuó el depósito de mi salario. No se trató de un gesto voluntario, sino del peso de la ley imponiéndose frente a la arbitrariedad.
Este desenlace no puede leerse solo como una resolución individual, sino como una reafirmación de principios. Cuando el derecho del trabajo es vulnerado, cuando el poder pretende disciplinar mediante el castigo económico, es allí donde la organización, la persistencia y la verdad encuentran su sentido más profundo.
En este camino, mi gratitud es imprescindible y no admite demoras. Debo agradecer profundamente al compañero Rubén “Cholo” García, líder eterno de los trabajadores municipales argentinos, cuya coherencia ha sido siempre un faro en momentos de oscuridad. Al compañero abogado Pablo Del Lito, que encarna ese temple persistente y constante de quienes saben que no hay derrota posible cuando se lucha con la verdad.
A los periodistas de San Nicolás que no le temen al poder real y que, con compromiso y dignidad, hicieron visible lo que otros quisieron silenciar: Jorge Martínez, Alejandro Laporta, Claudia Martínez, Félix Luis Colacilli y Pablo Gordillo. En tiempos donde la verdad suele ser incómoda, su tarea adquiere un valor aún mayor.
A los concejales del bloque de Unión por la Patria, representados por su presidenta Cecilia Comerio, que desde el primer momento manifestaron su preocupación y acompañaron el reclamo, entendiendo que lo que estaba en juego no era un caso aislado, sino un precedente peligroso.
Al Secretario General de la CGT Delegación San Nicolás–Ramallo, Hugo Hollfman, quien puso a disposición todas las herramientas necesarias para que se hiciera efectivo el cobro de mis haberes, demostrando que la unidad del movimiento obrero no es una consigna vacía, sino una práctica concreta. Asimismo, al Secretario General del Sindicato de Municipales de Vicente López, Victorio Pirillo, que con su conocimiento y sin egoísmo alguno asiste permanentemente para brindar soluciones concretas.
A Dios Todopoderoso, que no permite que la injusticia doblegue la dignidad y me da la fortaleza diaria para seguir de pie, reclamando no solo por mis derechos, sino por mejores condiciones laborales y salarios que permitan a cada trabajador vivir dignamente, aun frente a decisiones del intendente Ismael Santiago Passaglia que buscan lo contrario.
A mis compañeros y compañeras del Sindicato Único de Trabajadores Municipales, adherido a la FESIMUBO, especialmente a nuestros jubilados, que hoy padecen la injusticia de esperar de manera irrisoria la firma de un acto administrativo para percibir un incremento salarial ya otorgado del cuarenta por ciento. Allí también se expresa una forma de violencia silenciosa que no podemos naturalizar.
Y, en lo más íntimo, a mi hija Emma Catalina, quien con la claridad de los afectos verdaderos me pidió que no me detenga en los reclamos. En esa simple frase se sintetiza el sentido de toda lucha: no rendirse jamás cuando lo que está en juego es la dignidad.
Para finalizar, es imposible no evocar a Juan Domingo Perón en aquel histórico 17 de Octubre de 1945:
«Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos.»
Porque, en definitiva, lo ocurrido no es un punto de llegada, sino un recordatorio: la justicia tarda, pero cuando se la empuja con convicción, organización y verdad, termina por abrirse camino. Y en ese camino, nadie se salva solo.









