El Foro de Intendentes Radicales, donde milita el balcarceño Esteban Reino, le reclama al gobernador peronista que flexibilice el acceso a fondos provinciales. La situación es tan crítica que el favor se pide sin disfraz: “Que abra la canilla”, dicen.
Hay imágenes políticas que valen más que un discurso. Una de ellas es esta: intendentes de la Unión Cívica Radical, con la soga económica que les ajusta Javier Milei al cuello, golpeando la puerta de un gobernador peronista para que les dé un respiro. Eso fue lo que ocurrió esta semana en La Plata, cuando un grupo de jefes comunales de la UCR se sentó frente al ministro Carlos Bianco con una lista de pedidos que, en otros tiempos, hubiera sonado a herejía.
El que no pudo estar físicamente fue el intendente de Balcarce, Esteban Reino. Pero desde su distrito, y como miembro activo del Foro de Intendentes Radicales, acompañó cada línea del reclamo. Porque el problema no distingue colores partidarios: la caja municipal se seca, y el socorro, paradójicamente, tiene nombre y apellido del adversario político: Axel Kicillof, presidente del Partido Justicialista bonaerense.
¿Qué le piden los radicales al líder del peronismo provincial? Algo simple y a la vez urgente: que destrabe los fondos del endeudamiento aprobado por la Legislatura, pero que los suelte sin ataduras. Hoy, una parte de esos recursos queda condicionada a programas que define el Ejecutivo y a la supervisión de una comisión bicameral. Los intendentes quieren libre disponibilidad para decidir si pagan sueldos, arreglan una calle o sostienen el hospital municipal.
“Que abra la canilla”, resumieron en la reunión, con una crudeza que ya no admite eufemismos. Porque el diagnóstico es terminal a corto plazo: caída de la coparticipación, baja en la cobrabilidad de tasas, deudas acumuladas de la Provincia con los municipios, y el plus dramático de que obras sociales como IOMA y PAMI pagan tarde o mal, mientras la demanda en los sistemas de salud locales no para de crecer.
El intendente de General Alvear, Ramón Capra, fue claro: “Hay muchos municipios complicados para pagar sueldos”. Y el de Rojas, Román Bouvier, agregó una frase que retrata la impotencia: “Los municipios somos la primera vidriera donde el vecino pega el grito, pero cada vez tenemos menos recursos para gestionar”.
Por eso los radicales ya no se guardan nada. No solo presionan al Ejecutivo bonaerense, sino que tejen acuerdos con legisladores para modificar la ley de endeudamiento. Quieren que Kicillof —sí, el jefe del PJ— les dé una herramienta que el Presidente libertario no les ofrece: oxígeno puro, sin recetas ideológicas.
Algunos hasta especulan con que el propio gobernador podría sacar una resolución para flexibilizar el esquema sin pasar por la Legislatura. Mientras tanto, la comisión bicameral que debe definir los desembolsos sigue incompleta, y los días pasan. Y cada día que pasa, en Balcarce y en decenas de distritos radicales, la gestión se vuelve más cuesta arriba.
El mensaje, entonces, es doble. Por un lado, una confesión pública: estamos al límite. Por el otro, una paradoja política que no pasaría desapercibida ni en el mejor guión de ficción: los radicales, acorralados por Milei, le piden un salvavidas a Kicillof. Y el intendente de Balcarce, desde su lugar, espera que ese salvavidas llegue antes de que el agua le cubra la cabeza.





